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v  Curso/Taller

Conflicto y Comunicación.
Del peso de nuestros supuestos y creencias.

ü Miércoles 16 de mayo de 2012, de 18:00 a 20:00 hs.

Docentes a cargo: Lic. Patricia Flanigan
                        Lic. Pompeya Ré

 v  Curso/Taller  

La comunicación más allá de las palabras.
Aproximaciones al Lenguaje no verbal

ü Jueves 17 de mayo de 2012, de 18:00 a 20:00 hs.

 Docente a cargo: Lic. Pompeya Ré

 

 

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ACERCA DE LOS COMPORTAMIENTOS VIOLENTOS

            No cabe duda de que la violencia es hoy tema de debate. Está presente en el ámbito que observemos, manifestándose con mayor intensidad por momentos en la escuela, por momentos en la familia, en la calle o el deporte.
            Podemos concebir a este fenómeno como complejo, y pensarlo como un modo de comportamiento al que se recurre cada vez con mayor frecuencia, no circunscrito a un área social específica.
            Entendiendo la violencia como una forma de comportamiento entre seres humanos, creo que debemos partir de aceptar que en mayor o menor medida todos recurrimos a él.

Buscando la causa
            Solemos ocuparnos en fabricar porqués indiscutibles, y al escuchar diferentes análisis de los hechos violentos que suceden a diario, los comentarios denotan una búsqueda imperiosa del origen “primero y único” que los provoca.
            Entre la variedad de causas que se desgranan se dice de la “ausencia” de la familia, la desocupación extendida atemperada con desborde de asistencialismo y la ineficacia de estas políticas sociales, la desprestigiada educación, la falta de seguridad, los juegos violentos en red, la falta de límites, la violencia simbólica del Estado, la televisión, el cambio de valores, etc.
            Y podemos seguir enunciando, los que considero aspectos (no causas) de una realidad compleja que no nos es posible, aunque nuestro pensamiento simplificador lo intente, abarcar en su totalidad.
            Esta imposibilidad de hallar sólo una causa del fenómeno es uno de los atributos propios de la complejidad descrita por Edgard Morin como multidimensional. Este autor sostiene que la complejidad se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre... y de allí la necesidad, para nuestra comprensión, de poner orden en los fenómenos rechazando el desorden, de descartar lo incierto, es decir, de seleccionar los elementos de orden y de certidumbre, de quitar ambigüedad, clarificar, distinguir, jerarquizar.
            También nos advierte sobre el riesgo de estas operaciones expresando que “pueden llegar a producir ceguera”.
¿A qué estaríamos ciegos? Al tejido de eventos, a las acciones asociadas, a las interacciones y retroacciones, a las determinaciones que están constituyendo este mundo fenoménico.
Alertados de la tendencia de nuestro pensamiento a ver sólo la parte, lo simple, una causa, creo que podemos aceptar la invitación a tomar conciencia de esta “patología” del pensamiento y concebir la limitación en nuestra mirada, teniendo en cuenta que una multiplicidad de factores están aportando a que se manifiesten hechos violentos.

El todo que nos incluye
Watzlawick sostiene que en el mundo construido según el pensamiento causal clásico se dan de manera natural e inevitable dos propiedades diferentes, por un lado la división entre el observador y lo observado, y, por el otro, el ordenamiento general del mundo que observamos en pares de opuestos.
Me quiero detener en la primera propiedad que plantea el autor y
reflexionar sobre las implicancias de esta división entre observador y observado, a la hora de hablar de violencia.
Creo que el riesgo de mirar calificándome como sujeto sólo observante, viéndome separado del objeto (aquello que observo), es que me permite poder “olvidar” por un momento que soy parte de aquello que observo.
Y soy parte, porque, como decíamos antes, aplico mi forma de entender, mi pensamiento limitado al intentar comprender el fenómeno, y también porque integro el mismo sistema social y con mi vivir contribuyo a constituirlo, esto es, con mi actuar cotidiano aporto a este sistema que me incluye.
Si elegimos focalizar en el (sub)sistema educativo, podemos ver que participamos desde diferentes funciones, como alumno, padre, docente, funcionario de gobierno, preceptor, directivo, administrativo, capacitador, pero incluso si no estuviésemos integrando este subsistema, al estar conformando el macrosistema social que nos incluye, también se da la participación.
En este sentido creo que lo que hacemos en nuestras relaciones, en lo cotidiano  puede contribuir a disminuir o aumentar las manifestaciones violentas. Esto quiere decir que si intento llevarme mejor con mi marido, con la cajera del supermercado, con el compañero de trabajo o con el vecino que indefectiblemente pone basura en mi vereda ¿la violencia va a desaparecer? No, o, no lo sé, pero por lo menos no continúo aportando con mis acciones, que se juegan en lo microsocial, al fenómeno en lo macro.

Considero que el pensamiento causal clásico además de facilitarnos poner la responsabilidad fuera de nosotros, y de este modo quedar eximidos, puede privarnos de disfrutar en su más profundo sentido la frase que nos legara John Donne allá por el 1600:

“Ningún ser humano es una isla en sí mismo; cualquier ser humano forma parte de la tierra. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, así pues, no preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

 

 


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